Posteado por: Las noticias del océano | junio 18, 2014

El Ártico ruso, nueva tierra prometida para las petroleras

18 de Junio de 2014. Ártico ruso, con sus lejanas infraestructuras, su frío glacial y sus especies amenazadas, es la nueva tierra prometida para las compañías petroleras, pese a la letanía de obstáculos existentes para su explotación.

“El Ártico es una de las grandes zonas restantes en el mundo con recursos en petróleo y gas aún no descubiertos”, recuerda Rex Tillerson, presidente del gigante norteamericano ExxonMobil, en el Congreso petrolero mundial que se celebra esta semana en Moscú.

Es incluso “uno de los últimos lugares con un potencial de descubrimiento de enormes yacimientos” coincide Tim Dodson, uno de los responsables de la compañía pública noruega Statoil.

Según un informe publicado en 2008 por el Instituto geológico de Estados Unidos, USGS, más del 20% de las reservas de hidrocarburos del planeta aún no descubiertas están en el Ártico.

Este tesoro –en un 84% submarino– estaría situado en gran parte en Rusia (frente a las costas de Siberia occidental y en la extremidad oriental del país) y atrae a grupos petroleros rusos y occidentales, como Statoil, o ExxonMobil, que cerró el año pasado una alianza para extraer petróleo en el Ártico con el gigante petrolero local, Rosneft.

Pero “no hay que ignorar los obstáculos” para la explotación en el Ártico, advierte Dodson.

“Los desafíos específicos son la seguridad y el medio ambiente; la producción y la logística, así como la utilización del gas” ya que a falta de salidas, se requerirá la construcción de gasoductos, mientras que para la exportación de petróleo se necesitarán oleoductos submarinos o cargueros adaptados al Ártico, enumera Oleg Mijailov, vicepresidente de la compañía rusa Bachneft.

– Un costoso transporte –

Además, si se quiere extraer petróleo o gas a gran escala en el Ártico ruso, habrá que “transportar millones de toneladas de material hasta una de las regiones más aisladas del mundo”, lo que “requiere una expansión de la infraestructura ferroviaria y la construcción de una red de puertos y bases costeras”, advierte.

En lo que respecta a la seguridad y el medioambiente, “el hielo, la nieve, el frío y la oscuridad crean un medio a la vez hostil y magnífico”, subraya Dodson.

Hay que “asegurar que las compañías que operan en el Ártico tengan el material, las personas y la formación necesarios para combatir una marea negra”, afirma por su lado Mijailov.

En efecto, la catástrofe de 2010 en el Golfo de México “muestra los problemas que incluso las mayores compañías del mundo tienen que afrontar en caso de marea negra incontrolada. Resolver una marea negra en el Ártico, en un mar congelado, sería un desafío aún más difícil de superar”, admite.

Este riesgo preocupa a las ONG medioambientales, como Greenpeace, 30 de cuyos militantes fueron detenidos por las autoridades rusas en septiembre, cuando llevaban a cabo una acción contra una plataforma petrolera de Gazprom. Fueron liberados a fines de diciembre tras un indulto presidencial.

Para las ONG, las actividades petroleras y gasíferas en el Ártico son condenables por una doble razón, ya que ponen en peligro un ecosistema particularmente frágil, refugio de especies amenazadas (osos polares, cetáceos…), y porque contribuyen a acelerar el cambio climático, que tiene ya severas consecuencias sobre esta región.

Al final, todo ello puede hacer que estos proyectos sean tan onerosos que no valga quizá la pena emprenderlos. De ahí la carrera contrarreloj entre los grupos petroleros para encontrar tecnologías que permitan reducir estos costes.

Así, Statoil intenta concebir un nuevo tipo de plataformas de perforación, especialmente adaptados a estas condiciones extremas. Por su lado, el francés Total busca desde hace años con Gazprom una solución rentable para explotar el gigante yacimiento de Chtokman, en el mar de Barents, sin haber hallado aún la solución milagrosa.

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