Posteado por: Las noticias del océano | junio 16, 2014

El humano hace el mar brutal y ruidoso (Las Palmas de Gran Canaria, España)

Antonio Fernández dirige en Gran Canaria un grupo puntero en la investigación de cetáceos. (Rosa Cárdenes).

Antonio Fernández dirige en Gran Canaria un grupo puntero en la investigación de cetáceos. (Rosa Cárdenes).

Durante el presente año se han producido 25 varamientos de delfines y ballenas en las costas canarias

16 de Junio de 2014 (Rosa Cárdenes). Canarias alberga una de las mayores poblaciones de cetáceos del mundo en sus aguas y cuenta con investigadores de reconocida experiencia que estudian la salud de delfines y ballenas, y también las causas del varamiento de estos animales marinos. Su diagnóstico es una útil herramienta para conocer el estado de la población de los cetáceos que habitan en aguas canarias.

Cuando se produce un varamiento de un cetáceo, en Canarias, se activa un dispositivo de rápida respuesta en el que intervienen distintas entidades y organismos y en el que juega un papel fundamental un grupo de investigadores del Instituto Universitario de Sanidad Animal y Seguridad Alimentaria (IUSA) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (Ulpgc) al que corresponde determinar, si el animal ha muerto, las causas de su fallecimiento.

El director del Instituto y coordinador de la división de Histopatología y Patología Animal, Antonio Fernández, señala que en el transcurso de este año se han producido 25 varamientos de delfines y ballenas en las costas canarias, “y a nosotros nos corresponde diagnosticar la causa de su muerte”.

El grupo que dirige Fernández es un referente internacional en la investigación de cetáceos y ha sido llamado en diversas ocasiones y desde distintas partes del mundo, como el Golfo Pérsico, Taiwan y Perú, para estudiar varamientos masivos; este experto es también coordinador en la Comisión Ballenera Internacional. Al IUSA llegan cada año estudiantes de doctorado e investigadores de Italia, Perú, España, y Portugal, entre otros países, que en sus tesis están siguiendo la línea de investigación de cetáceos.

“Habiendo trabajado mucho anteriormente en los animales terrestres, hemos puesto nuestro conocimiento y nuestra tecnología al servicio de la salud de las ballenas y delfines”, dice Fernández. La salud de los cetáceos es un indicador de la salud del mar y de cómo se ha desarrollado la actividad humana en el medio acuático, comenta, “cada vez más brutal y ruidosa a consecuencia de diversas actividades como el tráfico marítimo, las maniobras militares y la búsqueda de recursos energéticos en el fondo marino. No menos importantes son los contaminantes y residuos “que una sociedad del bienestar produce, habría que encontrar un equilibrio entre el desarrollo tecnológico y el futuro que queremos”.

Si bien es verdad que el medio marino alrededor de las Islas “está mucho más sano” que el Mediterráneo, “que es un mar enfermo”, Fernández advierte de que “seguimos contaminando el mar llenándolo de plástico”. La degradación del plástico “es un problema” por que sus restos entran en la cadena alimenticia, los cetáceos los confunden con alimentos y mueren por obstrucción digestiva, señala.

El grupo de investigación de cetáceos de IUSA forma parte de la Red Canaria de Varamientos en la que intervienen también la Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario, en la provincia de Las Palmas, y Canarias Conservación, en la provincia de Santa Cruz, dedicadas al seguimiento y estudio de los cetáceos que por diferentes motivos varan o aparecen accidentados en la costa. “Son dos asociaciones con amplia experiencia”, indica al respecto Manuel Arbelo, coordinador del grupo y profesor de la Facultad de Veterinaria.

“Estos tres equipos funcionan coordinadamente para atender los varamientos en cada una de las Islas”, añade Arbelo, “junto con la fundamental participación  de los cabildos, que son los tienen la función de atender los varamientos, y por supuesto con los municipios afectados y la colaboración de otras entidades como Seprona, guardia civil, Protección Civil, etc”

Este investigador explica el protocolo a seguir cuando se intercepta un cetáceo sin vida. Si ocurre en Gran Canaria, el animal es trasladado a la Facultad de Veterinaria, en la montaña Cardones, al norte de la Isla. En un primer análisis del animal, se toman muestras de sangre, cavidades y mucosas, se mide y se pesa (en un proceso similar al que muestran las imágenes de este reportaje). La causa del varamiento de este animal en concreto, un delfín listado que apareció en la costa Este de Gran Canaria, está relacionada “con un proceso infeccioso multiorgánico por causa no determinada, y la causa de la muerte está asociada al síndrome de estrés del varamiento”, informa Arbelo.

Después de los primeros análisis, y de acuerdo a la planificación del programa académico, se procede a realizar la necropsia al animal, en la que intervienen alumnos de prácticas de la Facultad de Veterinaria.

Si el varamiento se produce en cualquier otra Isla, como la ballena que apareció el 9 de marzo en El Matorral, en Fuerteventura, entonces los investigadores viajan hasta el lugar. Son numerosas las ocasiones es en las que estos profesionales tienen que trabajar en unas condiciones que no son las más idóneas, al no existir en las Islas, salvo Gran Canaria, instalaciones habilitadas para la actividad que ejercen.

De hecho, en el caso de Fuerteventura, y no es el único caso, el animal fue trasladado al Complejo Ambiental de Zurita, donde se le practicó la necropsia. La elevada cantidad de leche en las glándulas mamarias y otras evidencias, como las hemorragias uterinas, “sugieren que el rorcual común hallado en Fuerteventura falleció por un cuadro infeccioso agudo tras el parto”, apunta Arbelo.

El último varamiento se produjo el 6 de junio, cuando un cachalote apareció cerca del puerto de Santa Cruz de Tenerife, una hembra de 10 metros de longitud y de 8,3 toneladas de peso que probablemente falleciera a consecuencia de un corte por colisión con un barco.

La especialización en cetáceos ha hecho pionera a la Facultad de Veterinaria en este campo, sin embargo, como comenta el director de IUSA, Antonio Fernández, el camino para llegar hasta aquí no ha sido fácil, “pues históricamente, las facultades de veterinaria no han puesto caso a los animales marinos”. Hace cinco años, la facultad se acreditó en la Unión Europea “ante la sorpresa de otras muchas facultades que pensaban que esto era un centro en medio de la nada, y además en una región donde la actividad ganadera es muy pequeña”, dice.

“Hay quien pensaba que no íbamos a cumplir los criterios”, añade Fernández,  “pero la parte marina ha sido entendida por parte de los evaluadores europeos como una especialización, y es un modelo a seguir hoy en día el que las facultades tengan un perfil incluso para sobrevivir y competir”. Explica que “el 90 por ciento de la carrera es común y el 10 por ciento restante es especialización. Si alguien quiere saber de cetáceos viene aquí, si alguien quiere saber más de vacas va a Suiza o Alemania. Esa especialización en los animales marinos nos ha dado un valor añadido brutal”.

Es a partir de 2002, cuando un desafortunado suceso en Canarias da proyección internacional al trabajo de Fernández y su equipo, tras su intervención en el varamiento masivo de zifios a consecuencia, como demostraron después los expertos, de la contaminación acústica producida por maniobras militares que se llevaban a cabo entonces frente a la isla de Fuerteventura. En 2004, el Gobierno central aprobó la moratoria en las Islas Canarias para impedir el uso de sónares antisubmarinos, una medida que los investigadores consideran fundamental para salvaguardar la supervivencia de los cetáceos.

Fernández explica que antes de que se aprobara la moratoria, 1 de cada 3 cetáceos varados moría por causas derivadas de la actividad humana. Según datos de 2012, 1 de cada 4 cetáceos muere por la actividad humana y los tres restantes por causas naturales, entendiéndose como tal las enfermedades, envejecimiento, mortalidad neonatal, y la interacción entre especies. Hoy en día, indica, la media en Canarias se sitúa en 60 varamientos al año por diferentes causas.

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