Posteado por: Las noticias del océano | septiembre 30, 2013

Cruzada contra la caza y el consumo de carne de delfín en Perú

Las costas peruanas son un escenario privilegiado para la observación de delfines.

Las costas peruanas son un escenario privilegiado para la observación de delfines.

30 de Septiembre de 2013. Miles de delfines serían cazados en Perú cada año para consumir su carne

Cuesta creer que seres tan inteligentes y amistosos como los delfines terminen convertidos en trozos de carne a la venta en una pescadería o el mercado bajo el nombre de “chancho marino”, o preparados en un plato llamado “muchame”.

“En Perú tenemos la matanza ilegal de delfines más grande del mundo”, denuncia el activista y biólogo marino alemán Stefan Austermühle, quien calcula que cada año morirían aproximadamente 2.000 de estos cetáceos con el fin de ser faenados para el consumo.

Austermühle comenzó a trabajar hace 27 años con Greenpeace desde Alemania en actividades de protección de ballenas y delfines. Entonces se contactó con organizaciones de todo el mundo y supo lo que ocurría en Perú, hasta donde se trasladó a fines de los 90 para quedarse definitivamente.

Una vez en el país sudamericano comenzó una etapa de investigación de estos mamíferos. En esa época “todas las ONG trabajaban en la selva y casi nadie se ocupaba del mar”, recuerda. Junto a otros activistas creó la organización Mundo Azul en 1999, que hoy dirige, y desde esta plataforma ha buscado generar conciencia ambiental y combatir la cacería.

Protegidos por ley, pero la matanza continúa

Una de las razones que llevó a la explotación de los delfines fue una baja de recursos pesqueros a partir de la década del 70. “Ya no tenían qué pescar, entonces pescaban delfines. En los 90 la caza llegó a niveles estimados de 20.000 delfines por año”, indica Austermühle.

Una cifra alarmante, que puso en riesgo la supervivencia de estos mamíferos en las costas peruanas. En 1996 se dictó una ley que prohibió finalmente la caza, comercialización y el consumo de delfín, ahora considerado un crimen ecológico penado con hasta tres años de cárcel. Pero a pesar de la normativa la captura continuó, aunque a menor escala, en forma clandestina.

En su investigación, Stefan Austermühle recorrió la costa durante más de seis años, registrando unas 31 especies de delfines y ballenas. Con una red de voluntarios peruanos y extranjeros siguió vigilando y realizando labores de difusión y educación sobre el tema, pero siempre aparecían nuevos delfines muertos, víctimas de redes o arpones, y faenados en las playas. A veces, encontraba sólo la cabeza, pues ya habían retirado las partes comestibles.

A través de cámaras escondidas e investigaciones encubiertas, infiltrándose en mercados y caletas pesqueras, descubrió numerosos lugares de venta de esta carne. Con esa información Mundo Azul recurrió a la policía, la que realizó operativos para combatir el comercio y consumo ilegal.

A pesar de las amenazas

La fiscalización no es sencilla y mientras se siga consumiendo carne de delfín habrá quien esté dispuesto a cazarlo. La cruzada de Mundo Azul continúa en diferentes frentes. Stefan Austermühle investiga nuevos peligros para los delfines, como los efectos de la contaminación y la industria, el cambio climático o incluso el uso como carnada de pesca.

En febrero del año pasado, más de 870 delfines fueron encontrados muertos en playas del norte de Perú en un fenómeno que causó alarma. En esa ocasión, la investigación del Instituto del Mar del Perú, IMARPE, indicó que se debía a causas naturales y no a la acción humana. Sin embargo, organizaciones ambientalistas (Ndlr Sibylline : solo una que fue ORCA Perú) han insistido en que habrían muerto por impacto acústico, ocasionado por las exploraciones petroleras. Esto habría desorientado a los cetáceos, provocando el varamiento.

Austermühle reconoce que los recursos para el estudio y la fiscalización son escasos, lo que dificulta la tarea. También el hecho de que sus denuncias han resultado incómodas: “Me he creado bastantes enemigos. He recibido en varias ocasiones amenazas de muerte o los reclamos de quienes dicen que estoy dejando mal al Perú”, confiesa.

Pero también ha logrado sensibilizar a la comunidad, en el trabajo con escolares y con los mismos pescadores. “Yo creo que la conciencia ambiental está empezando a desarrollarse, ha crecido en comparación con 30 años atrás, pero todavía falta”.

La matanza de delfines es desde todo punto de vista un crimen brutal, advierten los ambientalistas. Atenta y pone en riesgo la supervivencia de una especie que convive en armonía y cumple un importante rol en el ecosistema marino.

Sólo la cabeza y poco más dejan los cazadores en las playas peruanas.

Sólo la cabeza y poco más dejan los cazadores en las playas peruanas.

Las investigaciones de Mundo Azul han alertado a la policía peruana sobre puntos de venta de carne de delfín.

Las investigaciones de Mundo Azul han alertado a la policía peruana sobre puntos de venta de carne de delfín.

Las imágenes lo dicen todo. Los restos de la cacería son la triste comprobación de que el comercio ilegal de carne de delfín continúa.

Las imágenes lo dicen todo. Los restos de la cacería son la triste comprobación de que el comercio ilegal de carne de delfín continúa.

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Las investigaciones de Mundo Azul han alertado a la policía peruana sobre puntos de venta de carne de delfín.


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