Posteado por: Las noticias del océano | diciembre 3, 2011

El cementerio de las ballenas (Cantabria, España)

Especie : Cachalote. Fecha de hallazgo : 06-04-2010. Lugar : Cerca de la Isla Mouro. Flotaba muerta a unas 2 millas de Santander. Características: 12 metros /14.360 kilogramos.

Los restos de tres cetáceos aparecidos en las playas o aguas cántabras yacen sepultados en el vertedero de Meruelo

3 de diciembre del 2011 (ANA COBO). El esqueleto de la ballena que llegó hasta la playa de Oriñón un 15 de noviembre de 1997 se pudo recuperar por completo. Tras varios años de enterramiento, los biólogos del Museo Oceanográfico de Santander ‘rescataron’ las 134 piezas que daban forma a este mamífero de 80 toneladas de peso y 19,5 metros de largo. Es un caso excepcional. No siempre se logra recuperar la totalidad de los huesos, que tienen que permanecer sepultados bajo tierra como mínimo dos años, aunque se puede alargar hasta diez. Un proceso de inhumación que en Cantabria se desarrolla en una zona especial del vertedero de Meruelo.

Hasta esta instalación, gestionada por la empresa pública Mare, se trasladan todas las ballenas que, por caprichos del destino, agotan sus últimas horas de vida en las aguas o arenales de la región, según explica su director, Antonino Zabala. La última, el rorcual común varado en la playa de San Martín, en Santoña, apenas lleva un mes sepultada. Pero no está sola. Le ‘acompañan’ otros dos cetáceos que, en su día, también coparon páginas de periódicos. El cachalote avistado frente a la isla de Mouro y la ballena corcovada hallada en las aguas de Comillas, frente a la playa de Oyambre.

Las fosas, detalla el alcalde de Meruelo, Evaristo Domínguez, se encuentran ubicadas en la parte alta de la zona norte del vertedero. Junto a la estación meteorológica. Unas señales de balizamiento así lo certifican. Tanto Domínguez como Zabala explican que no hay ninguna razón especial para el depósito de estos mamíferos en el complejo. «Meruelo es la única instalación pública donde se pueden traer. Un recinto cerrado que, además, cuenta con vigilancia. La otra opción sería un espacio privado que requeriría una autorización y supondría un coste económico», señalan.

Destino común

Por eso, todas las ballenas encontradas, independientemente de si tienen algún interés científico, acaban en Meruelo. Sobre todo, explica el director del Museo Oceanográfico, Gerardo García-Castrillo, porque por un tema de sanidad hay que destruir el cuerpo. No obstante, cuando se produce el hallazgo, los biólogos del museo estudian el ejemplar y determinan si puede tener algún valor o no desde el punto de vista científico. En el caso de que lo tenga, la ballena se sepulta bajo tierra y se espera a que el transcurrir del tiempo la deje, literalmente, en los huesos.

Un tiempo, explica García Castrillo, que varía en cada ejemplar. «No todas las ballenas se descomponen a la misma velocidad, depende de factores como la grasa o los tendones. A más grasa más se ralentiza el proceso». Por eso, como mínimo hay que esperar dos años y medio para que la carne se descomponga y proceder a la recuperación de las piezas óseas. Una vez que ha pasado ese plazo, relata el director del museo, «se excava un poco y se hacen catas cada cierto tiempo para ver el estado de la descomposición». Para algunas ballenas es suficiente, mientras que con otras, precisa, hemos tenido que esperar hasta diez años.

La recuperación

Además, añade García Castrillo, no siempre se retiran todos los huesos a la vez. En algunas ocasiones se van extrayendo las partes que ya están listas para su estudio y tratamiento y se espera para exhumar el resto. Y es que el desenterramiento es casi una labor arqueológica. Dice el director que «cuando se desentierra no están los huesos tal cual. Se hace como una especie de pasta al contacto con la tierra y es complicado hallarlos porque se mueven de sitio». Por eso, de algunos cetáceos, no se puede recuperar la estructura completa. No es el caso de la ballena de Oriñón a la que, tras varios años enterrada en Meruelo, se le pudo extraer todas sus piezas, limpiarlas, estudiarlas y montar el esqueleto que ha sido expuesto en diferentes museos de España. Ahora, se encuentra en un almacén del museo en Guarnizo.

En las salas del Museo Oceanográfico, sin embargo, sí que se pueden contemplar las estructuras óseas de otros ejemplares famosos por la gran expectación que generaron. Así, se exhibe el esqueleto de la ballena rorcual aparecida en El Sardinero en 1989 y que es el ejemplar más grande de todos los que han varado en Cantabria.

En un futuro, tendrán que hacer un hueco a las que ahora yacen en Meruelo. García-Castrillo adelanta que «el museo está interesado en el cachalote, aparecido cerca de Isla de Mouro, ya que es un ejemplar adulto y se exhibiría a modo comparativo con otro cachalote joven que ya tenemos». Y, sobre todo, en la ballena corcovada con un importante interés científico porque, dice, «es el único ejemplar de esta especie que se ha constatado en Cantabria».

Especie : Ballena corcovada o jorobada. Fecha de hallazgo : 14-10-2010. Lugar: Frente a la playa de Oyambre. Características : 12 metros /14.360 kilogramos.

Especie : Ballena rorcual. Fecha de hallazgo: 10-10-2011. Lugar : Playa San Martín, en Santoña. Características : 10,3 metros /4.940 kilogramos.

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